Réquiem de Mozart:
El Réquiem de Mozart es una de las obras del repertorio clásico más populares y con más justificada fama. A pesar de ello, el hecho de que Mozart no pudiera terminarla y que tuviera que ser completada por su discípulo Franz Xaver Süssmayr planteado la cuestión de determinar qué parte de la música es original del genio de Salzburgo y qué parte no. Incluso con el material manuscrito disponible, determinar hasta qué punto la parte completada corresponde a las intenciones e indicaciones dejadas por Mozart es un problema de nada fácil solución.

Para muchos musicólogos la versión completada por Süssmayr no es del todo satisfactoria. De esta inquietud han surgido varias ediciones críticas del Réquiem de Mozart que han dado lugar a interesantes grabaciones. Una de las más interesantes es la dirigida por Hogwood a The Academy of Ancient Music, con Emma Kirkby, Carolyn Watkinson, Anthony Rolfe-Jonson y David Thomas como solistas vocales, a partir de la edición de C. F. Maunder, que pretende eliminar todo rastro de Süssmayr. El resultado puede ser más o menos discutible (sin duda, habrá a quien no le guste la supresión del Sanctus, del Hosanna y del Benedictus), pero yo lo encuentro especialmente satisfactorio e interesante.
Maunder considera que la aportación de Süssmayr no merece ser tenida en cuenta, ya que le falta el aval de la autoridad de Mozart. Ciertamente la opinión de Mozart sobre Süssmayr como músico no era buena, a pesar de que le dejara componer los recitativos "secco" de "La Clemenza di Tito". La primera persona a quien se dirigió Constanze Mozart para terminar el Requiem fue Joseph Leopold Eybler, un alumno de Albrechtsberger y Haydn a quien Mozart valoraba bastante más que a Süssmayr. Eybler avanzó hasta el Domine Jesu Christe, pero acabó dejándolo al sentirse incapaz de seguir. Constanze, ante la necesidad de cobrar el encargo, acabó pidiendo a Süssmayr que lo terminara.

Según el propio Süssmayr, en el Introito, Kyrie, Dies Irae (la secuencia casi completa, incluyendo desde el Dies Irae propiamente dicho hasta la frase "judicandus homo reus", en el octavo compás del Lacrymosa) y Domine Jesu Christe, Mozart proporcionó las partes vocales y el bajo cifrado, y sólo dejó alguna instrucción sobre la orquestación. Esto no es del todo cierto, ya que el Introito y Kyrie son íntegramente de Mozart como se deduce de los fragmentos manuscritos conservados. Süssmayr declara haber compuesto totalmente el Sanctus, Benedictus y Agnus Dei. Constanze Mozart confirmó en una carta que el Sanctus no era de Mozart.
Süssmayr usó el material de Eybler, completó la orquestación donde faltaba, y acabó el Lacrymosa (tras la primera vez que se oye "judicandus homo reus", lo que sigue es de Süssmayr, que va variando la melodía de Mozart hasta desembocar en el "Amen"). Mozart había previsto que el "Amen" fuera un número independiente (el material original fue descubierto en 1964), una fuga de la que se conservan 16 compases, que Süssmayr no utilizó y que Maunder ha completado para su edición (he tenido ocasión de escuchar alguna reelaboración diferente, como una que pasaron por televisión, dirigida por Rilling a la Orquesta de TVE). Creo que es lástima que esta fuga no se escuche más a menudo, aunque también hay quien prefiere el clímax del "Amen" tradicional.

Por lo que respecta al Sanctus y Benedictus, Maunder concluye del análisis de la música que Mozart no puede haber intervenido en su composición, aunque hay compases donde fugazmente reconoce frases de "La Clemenza di Tito" o fragmentos de ejercicios propuestos por Mozart a algún discípulo. A este respecto yo mismo recuerdo el Sanctus de otra misa de Mozart cuyo inicio sonaba igual que el Sanctus del Réquiem. Maunder alude a la posibilidad de que Süssmayr pretendiera hacer un "Mozart artificial" a base de pequeños fragmentos; pero el trabajo del discípulo no está a la altura del maestro, y por ello estas partes se suprimen.
En cambio sobre el Agnus Dei, Maunder cree que Süssmayr se basó en material dejado expresamente por Mozart, o que se basó en un pasaje de la misa KV 220, compuesta por Mozart a los 19 años. Yo, que he oído alguna vez esa misa, recuerdo que en efecto hay una parte del Gloria, con texto semejante al del Agnus Dei del Requiem, que suena de forma muy parecida. Maunder lo conserva en su edición ya que su calidad musical muestra una clara mejora respecto al Sanctus y Benedictus.

Mozart ya había previsto que la fuga del Kyrie se reutilizara en el "Cum Sanctis tuis" final, según cita Constanze Mozart en una carta. Respecto al "Lux aeterna" que vuelve a citar el Introito, es simplemente la solución más razonable, viendo la semejanza del texto.
La principal diferencia de la edición de Maunder con la tradicional, aparte de los cortes, es la orquestación, más discreta, creo que más elegante, y que favorece más a la parte vocal original de Mozart. No puedo evitar recordar una versión del Requiem en vídeo, dirigida por Karl Böhm, con grandes e inolvidables solistas (Gundula Janowitz, Christa Ludwig, Peter Schreier y Walter Berry), donde encuentro algún detalle que me suena horroroso. Por ejemplo, al inicio del Agnus Dei hay una intervención del timbal que a mi parecer no deja "paladear" adecuadamente la parte vocal. Me parece lo contrario de lo que se supone que debe ser la elegancia que caracteriza a Mozart. En todo caso, la sensación de alivio que tengo cuando comparo con Hogwood es inmensa.

El Requiem completado por Süssmayr dispone de muchísimas grabaciones y todavía sigue siendo la versión más habitual. De hecho no faltan músicos que defienden que Süssmayr nos aproxima más al resultado final pretendido por Mozart que una edición moderna, por cuidadosa que sea. Entre estas versiones contamos desde las "históricas" de Karl Böhm o Scherchen a las "historicistas" de Savall, Gardiner o Herreweghe, que demuestran que la calidad de la música que Mozart dejó en su Réquiem es suficiente para conseguir magníficas grabaciones que se pueden considerar de referencia.
Entre las ediciones críticas no es la de Maunder la única que ha sido grabada. Cabría añadir las de Beyer (posiblemente la más conocida), Robbins Landon o Levin, por citar unas cuantas, cada una de ellas más o menos diferente de la versión completada por Süssmayr. Todas ellas disponen de interpretaciones también para todos los gustos (Bernstein, Solti, Marriner, Harnoncourt, Kuijken ...) entre las que también se pueden encontrar extraordinarias interpretaciones capaces de revelar al oyente inquieto nuevos e interesantes aspectos de esta gran obra.

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