Entre el 13 y el 16 de septiembre de 1973 se producen varias muertes y desaparecimientos ligados a la presencia de detenidos en el Estadio Chile. Víctor Lidio JARA MARTINEZ, 40 años, cantante popular y director teatral, miembro del Comité Central de las Juventudes Comunistas. En una comunicación del Ministerio de Relaciones Exteriores de fecha 27 de Marzo de 1974, respondiendo una nota de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la O.E.A. se dijo:"Víctor Jara: Fallecido. Murió por acción de francotiradores que, reitero, disparaban indiscriminadamente contra las Fuerzas Armadas como en contra de la población civil". Víctor Jara fue detenido el DIA 12 de septiembre en el recinto de la Universidad Técnica del Estado, lugar en el que prestaba sus servicios como director teatral, siendo conducido al Estadio Chile, donde tras ser separado de los demás arrestados junto a él, fue mantenido en los altos de una galería, junto a otras personas consideradas como peligrosas. Entre el 12 y el 15 de ese mes, fue interrogado por personal del Ejército. El 15 de septiembre es el último día en que se le ve con vida, cuando en horas de la tarde Víctor Jara fue sacado de una fila de prisioneros que serían trasladados al Estadio Nacional. Al día siguiente, el 16 de septiembre, en la madrugada, su cuerpo fue encontrado en las inmediaciones del Cementerio Metropolitano por unos pobladores, junto a otros cinco cadáveres, entre los que se hallaba el de Littré Quiroga Carvajal. La Comisión se formó la convicción de que el afectado fue ejecutado al margen de todo proceso, constituyendo ello una violación a sus derechos fundamentales de responsabilidad de agentes del Estado. Funda esa convicción en que se encuentra acreditado el arresto así como su presencia en el Estadio Chile; que se halla acreditada su muerte por una gran cantidad de heridas de bala, lo que demuestra que fue ejecutado junto a los demás detenidos cuyos cuerpos aparecieron junto a los de él. Las torturas a que fue sometido Víctor Jara durante su detención se relatan en la Parte General de este período. (Informe Rettig)
He consultado internet. Ayer las calles de Santiago no estaban mojadas, como ese lejano día que Víctor Jara nos cantó, para decirle al mundo que en Chile se mataba. Amanda paseaba por esas calles sin otro rumbo que el de su hombre que no llegaba, y la siniestra sombra de la dictadura se cernía sobre ella y sobre el cantante que la cantaba, el cantante que también fue asesinado.
Ha muerto el dictador Pinochet, tranquilo, en la cama donde mueren los justos o los asesinos impunes. Y los miles de muertos y torturados que poblaron su tiempo, su largo país y su biografía, no han tenido quien les otorgara un acto de justicia. Siete veces perdió la inmunidad parlamentaria y otras siete, cual número maldito, la volvió a ganar, para vergüenza de su pueblo y de la historia. Dicen las crónicas que miles de chilenos le están llorando.
También dicen que la mayoría de chilenos no quieren honores de Estado, y que, si lloran, es porque ha muerto sin ser declarado culpable. En este caso, como en tantos casos de tiranos mesiánicos y malvados, el país tiene el alma dividida, entre el aplauso de los que fueron felices con la tiranía, y la rabia de los que la sufrieron duramente. Cuando la justicia no cumple con lo justo, la historia no sobrevive a la confusión.
Muchos de nosotros, y hablo de mi generación y colindantes, crecimos con el mito de Chile. Cantábamos a Víctor Jara cuando él ya no tenía ni brazos para tocar la guitarra ni lengua para cantar. Como tantos, estuvo encerrado en el Estadio Nacional de Santiago y, como tantos, fue asesinado en las cloacas del régimen, sin otra culpa que anhelar un mundo mejor. Dicen los que le sobrevivieron que mantuvo la dignidad durante los días de larga tortura, y que solo hablaba de su mujer y sus hijas, su último recuerdo. Cuando visité isla Negra, el refugio de Neruda, recordé los versos del poeta que cantaba Jara:
"Yo no quiero la Patria dividida
ni por siete cuchillos desangrada,
quiero la luz de Chile enarbolada
sobre la nueva casa construida".
Ha muerto el asesino sin condena alguna. Sus víctimas aún gritan su dolor desde sus anónimas tumbas.
EDUCACIÓN Y SOCIEDAD










!Que voz mas preciosa ! !que poemas los de Neruda mas inigualebles los
estoy ecuchando toda la mañana !que preciosidad ! sois tierra de excelen
tes poetas !podéis estar bien orgullosos
Mil millos de besos de agrademiento y mil abrazos de
MARIA